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¿EL MISMO CONFLICTO?: EL MASACRE SE PASA A PIE PERO LOS HAITIANOS AHORA “SE AHOGAN

En los casos de muertes violentas y más cuando se producen en contextos conflictivos, en RD es mandatorio una autopsia para determinar la causa de muerte

Por Germán Reyes

Santo Domingo.- Freddy Prestol Castillo publicó su novela El Masacre se pasa a pie en diciembre de 1973 –más de 35 años después de la redacción del primer borrador-.

Hoy en día, desde las cercanías todavía se visualiza a los haitianos cuando caminan y cruzan ese río de un lado a otro, sin dificultades. Sólo que, pese a esa realidad tangible, ahora “se ahogan”, como sucedió con un joven de poco más de 20 años y otro de alrededor de 40, que supuestamente perecieron a la vez.

Como en casi el 100% de los casos, las víctimas carecían de documentos de identidad. Y no importa que los hechos se sucedan luego de que hayan permanecido por años en territorio dominicano. Simplemente no son identificados.

En los casos de muertes violentas y más cuando se producen en contextos conflictivos, las disposiciones jurídicas en República Dominicana consideran mandatorio una autopsia para determinar la causa de muerte.

Y de ese “expertise” está a cargo el Instituto Nacional de Ciencias Forenses (Inacif).

El contexto

El hecho “fortuito” sucedió en uno de esos momentos en los que la repulsa a esos extranjeros  está al rojo vivo luego que un productor bananero y abogado prominente fue muerto con armas blancas en una finca de Mao el día 14 de septiembre pasado. Fue atribuida a haitianos pese a que no hubo testimonio, porque nadie estuvo ahí para percatarse del hecho.

Dos semanas después del crimen, exactamente el día 28, los maeños se lanzaron a las calles por cientos para advertir, entre otros mensajes, que tomarían la justicia en sus manos.

Los manifestantes, en su mayoría, eran miembros de grupos ultranacionalistas, que desarrollan una labor de xenofobia selectiva contra los haitianos, tales como la Antigua Orden Dominicana,  No Tenemos Miedo, Rescate Nacional (RENA) y una que agrupa a exmilitares dominicanos que estuvieron en Irak.

Los lugareños registran un historial de casos de violencia en los que también haitianos padecieron maltratados y hasta muertes en Valverde y otras provincias del Norte.

El pasado día 1 varias decenas de haitianos fueron echados a palos de sus viviendas en El Cerro de Papatín, Santiago, luego de acusarles de provocar el incendio de una vivienda porque supuestamente abandonaron un cardero en un fogón para realizar diligencias en un colmado vecino.

A principios de agosto de 2019 un haitiano fue muerto a palos cuando, de manera apacible, transitaba por las proximidades del cementerio de Dajabón, en el sector Benito Monción.

Asimismo, el pasado día 23 de mayo fue localizado el cadáver de un haitiano en el canal de riego Cañeo, en Pontón, Navarrete. Tenía una soga atada al cuello, dos blocks amarrados en las extremidades inferiores y las manos atadas con dos esposas.

Igual como dijo el autor

Freddy Prestol Castillo, el autor de la novela-testimonio -para usar el término propuesto por el cubano Miguel Barnet- detalló que para aquella época a los haitianos se les acusaba del robo  de cientos de cosas y animales que desaparecían, tal cual ahora.

Para entonces, también, esa matanza, la de 37,000 haitianos perpetrada por la dictadura de Trujillo precisamente en estas fechas: 2 al 8 de octubre de 1937, no solo los dominicanos de la región Noroeste, sino que, incluso, muchos haitianos en la novela la aceptaron y la vieron muy bien.

Asimismo, según refiere el periodista Arsenio Cruz, el médico legista y el Ministerio Público que actuaron en el caso, vieron como normal y sin ningún otro cuestionamiento, que los dos haitianos del caso de la semana pasada murieran “ahogados” en el río Masacre. Sin más ni más.

Incluso, los compatriotas de las víctimas que participaron en el sepelio, en el cementerio nuevo de Dajabón, estuvieron contestes en que el ahogamiento fue la causa de las muertes.

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