Locales

EDITORIAL La Cumbre boba de Puerto Plata

Por GUARIONEX LUPERON

 Los presidentes Luis Abinader como anfitrión, Laureano Cortizo de Panamá y   Carlos Alvarado de Costa Rica celebraron en Puerto Plata, en días recientes, una Cumbre boba. Como el periodo de ¨España Boba¨ qué padecimos los dominicanos en el siglo XIX, cuando España nos soltó al garete. Una Cumbre de presidentes, fofa, como se le dice en mi campo a la carne de garza. Gastando pólvora en garza como si eso sirviera para algo. 

Realizada dentro del marco de ¨la Alianza para el Desarrollo en Democracia¨ que no es más que la renovación de voto de fe a sus socios y aliados estratégicos. Regocijo por la creación de un Consejo Empresarial de Alto Nivel. 

Inquietud- según ellos por ¨la situación de seguridad, institucional y socioeconómica de Haití¨. Sobre todo, hacen un reclamo en el desierto a la comunidad internacional a retomar el Plan de desarrollo de Haití, perdiendo tiempo, recursos y oportunidades.

Resulta que los paladines de la democracia centroamericana y caribeña, sustentados en sus ¨Milagros de crecimiento económico¨, sus declaratorias debieron recoger, no solamente la crítica a Nicaragua (que se la merece al doble) y el elogio a Honduras, sino comprometerse a construir sociedades verdaderamente democráticas. Sociedades más justas.  

Porque hasta ahora el ¨Milagro económico¨ en nuestros países se ha expresado no solo con crecimiento sino también con factores negativos que tienen un peso en la vulnerabilidad de los hogares. En común, República Dominicana, Panamá y Costa Rica tienen los mismos índices de pobreza monetaria general, muy variada la pobreza multidimensional y un índice de desigualdad social espantoso, que se extrema por país.  

Es importante que la economía crezca, pero en estas tres democracias paradigmáticas ¨el crecimiento se concentra en muy pocas manos¨. Persiste una tasa de pobreza monetaria general (que no alcanza para comprar la Canasta Básica Familiar del primer quintil), con las mismas características, rondando el 25 % de los hogares, con niveles de desigualdad en la distribución de la riqueza, medido con el Coeficiente de Gini, lacerantes. 

O en términos de pobreza multidimensional, donde no solo se mide el ingreso percibido sino los servicios sociales, casi el 50 por ciento de la población se encuentra en situación de vulnerabilidad. En Panamá más del 25 % de la población no tiene acceso a servicios sanitarios.  

Pese al liderazgo del crecimiento económico por décadas, nuestros países, sobre todo Panamá, con sus paraísos fiscales, vistos a través de los papeles de Panamá y de Pandora, del desarrollo de los ¨hub¨ logísticos y Costa Rica, presentada como una tacita de oro, culta y líder de la innovación tecnológica de Latinoamérica y el Caribe, cuna del ecoturismo, son naciones que están en el top de los países con mayor desigualdad del mundo.  Y eso no es democracia. 

La región-indica el PNUD,2021- es la segunda zona más desigual en el mundo, con ¨índices de informalidad altísimos¨. En el caso de la RD no hay forma de esconder la precarización del empleo. La baja calidad del trabajo que genera la economía dominicana, con un crecimiento de la informalidad de manera astronómica. Y no es por ¨la burocracia, los impuestos y los elevados costes de la formalidad¨ cómo quieren vender algunos economistas.    

Es que ni el turismo -bares, restaurantes y hoteles- ni el sector construcción ni el sector comercio ni el industrial, menos con la reclasificación del salario ajustado a la reclasificación empresarial que se ha realizado en la Republica Dominicana, generan empleos de calidad. Generan empleos para sobrevivir. 

En República Dominicana como en Panamá y Costa Rica, tres democracias llenas de miserias, el grueso de los hogares ha podido superar medianamente los efectos del Covid-19 y de la inflación, con las remesas que la diáspora manda todos los meses. Como el ¨Situado¨, ¨dinero que la corana de España dispuso enviar desde México para sufragar los gastos de la Colonia de Santo Domingo¨. Así es que estamos. 

Hemos enfrentado la pandemia gracias a la caridad de nuestros familiares que viven en el exterior, a los ¨apoyos y estímulos otorgados a las familias estadounidenses¨, incluyendo a nuestros migrantes. Y también, con las transferencias de fondos estatales a través de una cantidad limitada de programas de asistencia social que han ejecutado los gobiernos. Transferencias de pequeños subsidios.  

De acuerdo con Ricardo Zúñiga, enviado diplomático de EEUU para Centroamérica, que en una entrevista en ¨elpais.com¨ reconoce que en la región se vive ¨un momento muy amenazante porque las sociedades se encuentran bajo presión por problemas estructurales, como la desigualdad, la falta de inversión en capital humano, la exclusión, que coinciden con una enorme frustración con la clase política¨.  

En la Declaración de Puerto Plata debió incluirse dentro de los enunciados de la Cumbre de presidentes, los tres fenómenos sociales que están desgarrando nuestros países, por lo que se mueren tantos seres humanos en la mar y en la ruta de México: la pobreza, el desempleo (la mala calidad del empleo) y la desigualdad. Como Ricardo no creo en ¨populismos¨ ni en ¨autoritarismos¨ ni en demagogia. Creo en más democracia. Pero la democracia es desarrollo humano. ¨Justicia social¨ para citar al filósofo y jurista liberal estadounidense John Rawls.  

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Marciano Mateo

Periodista Radio difusor
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