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Ay Dios! mi país Por poquito pierdo el pellejo ayer.

 Por poquito pierdo el pellejo ayer. Oh, me inventé chequear de cerca cómo funciona un punto de drogas que está cerquita de la iglesia de mi barrio. Entré a un colmado casi al frente, mientras chequeaba los movimientos me bajé un par de refrescos con “toto e monja”, y como a las dos horas, de buena a primera el ambiente se puso más feo que Chita la mona.

Las orejas me quedaron sordas por las intensas ráfagas de ametralladoras, que en principio creí eran fuegos artificiales de algún cumpleaños cercano, pero que va. Asomé la cabeza como pude y entonces vi a dos sujetos que huían del punto con ametralladoras a mano…

Cuando la cosa medio se normalizó y la gente salió a curiosear, entonces supe que hay un conflicto con otro punto cercano, cuyos dueños suelen aparecer y atacar con ráfagas de ametralladoras a sus contrarios.

Entre sudor y susto, me sorprendió la normalidad con que la gente convive con estas peligrosas escenas, así como la confianza con que entran y salen del punto de drogas, tan normal como si fuera un puesto de vender yuca mocana.

Claro, me intrigó que cuando pregunté qué hace la policía con esos puntos de drogas y cuando ocurren esos tiroteos, la gente se reía de manera burlona como si yo tuviera cara de payaso… Me fui con una pregunta en mi cabeza que se quedó sin respuesta, ¿Y de qué será que se reían?

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